martes, 2 de junio de 2009

Los pibes de Palos


Para ellos el nuevo aniversario del 25 de mayo pasó por jugar la fecha suspendida. Estaban esperando el día porque si les iba bien quedaban punteros de su grupo. Habían ganado dos partidos, empatado uno, y quedaba éste, el que se jugaría hoy en el club Albariño del barrio de Mataderos.



El "Campeonato x la inclusión de los jóvenes" arrancó hace cuatro semanas y se enmarca en una iniciativa política de varias organizaciones de la zona sur de la ciudad, entre ellas el Movimiento Evita, GEN-JP-La Cámpora, JP Descamisados, Partido Intransigente. Son diez equipos de once jugadores (entre 14 y 16 años), diez fechas, dos sedes. Toda la movida cuenta con el auspicio y el apoyo del INADI (Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el racismo), y en febrero del 2009 se había realizado una prueba piloto de la que participamos: "Ningún pibe nace chorro".

Llegamos a las diez de la mañana al comedor Puertas Abiertas del barrio de la Boca y los trece pibes ya estaban tirados en los sillones con sus mochilas, comiendo alfajores Guaymayen, tomando una chocolatada, repartiendo chistes y gastadas para Sonia, la referente del comedor. La ansiedad flotaba en el aire y por cada gastada ella les revoleaba un chancletazo.

Nos metimos en los tres autos y subimos a la autopista. “¿Tienen buen equipo, che, tratan bien la pelota o son medios pica piedras?”, les preguntamos. “Más o menos la movemos, tenemos una defensa dura, un medio que baja la pelota y dos puntas que parecen aviones”, contestaron entre risas”. “¿Qué hace mi novia en esa foto?”, jodió uno, apuntando a un enorme cartel al costado de la autopista que mostraba a una modelo en ropa interior y en pose sugestiva. Bajamos en Larrazabal, hicimos un par de cuadras y aparecimos en el estadio: un potrero enclavado en la parte de atrás de la Oculta de Mataderos, flanqueada de un lado por un descampado y del otro por una hilera de medianeras de la villa. Junto a nosotros llegaron los contrarios en una camioneta de tipo furgón: quince adolescentes de la villa 20 de Lugano.
Llegamos a las diez de la mañana al comedor Puertas Abiertas del barrio de la Boca y los trece pibes ya estaban tirados en los sillones con sus mochilas, comiendo alfajores Guaymayen, tomando una chocolatada, repartiendo chistes y gastadas para Sonia, la referente del comedor. La ansiedad flotaba en el aire y por cada gastada ella les revoleaba un chancletazo.
Los pibes se cambiaron a un costado. Hacía calor y en el cielo se había formado una nube inmensa de color negro con olor a lluvia torrencial. El árbitro no llegaba. Los pibes de Palos (la calle donde funciona el comedor) hicieron una entrada en calor, probaron al arquero, y se sacaron fotos.
Cuando el arbitro se bajó del remis los veintidós jugadores metieron los últimos cambios de ritmo y repiqueteos sobre el lugar. El hombre de negro se cambió a un costado, llamó a los dos capitanes, y a jugar.

La cancha era chiquita, y ni bien un jugador recibía la pelota tres de los contrarios le comían los tobillos. Partido trabado, de pelotazos de área a área, con algunos pasajes de pelota al pie y hasta alguna pared. En una de las terrazitas de las casillas de enfrente se habían juntado algunas personas: sonaba cumbia y reggeaton.

Promediando el primer tiempo, el cinco de ellos la para en el medio campo y saca un globo hacia el arco que se cola por encima del arquero: uno a cero abajo. Y a los pocos minutos, después de una jugada por la izquierda, centro, pelotazo al arco, el arquero tapado, gol. Final del primer tiempo, dos a cero abajo.
Sonia, canchera, y confianzuda, los arenga, les dice que no se puteén, que vayan para adelante, que puden dar vuelta el partido. Los pibes miran el suelo. A nadie le gusta perder. Agua mineral para todos, palmadas y a jugar el segundo tiempo.

La tormenta se había disipado y el sol volvía a calentar el potrero. Se había juntado bastante gente del barrio. En la terraza de enfrente cada vez eran más.
Los pibes de Palos fueron a buscar el descuento pero se encontraron con dos centrales que sacaban todo lo que les tiraban. Los pibes de la villa 20 movían la pelota con más tranquilidad que durante el primer tiempo ya que el tanteador los favorecía. Hubo dos oportunidades claras de gol pero terminaron desperdiciadas. Hubo un par de faltas con piernas fuerte y tanto de un lado, como del otro, se pidieron disculpas. El árbitro casi no tuvo que intervenir en un partido muy limpio. Uno o dos cambios por equipo, la posibilidad de aumentar la diferencia de un lado, de descontar por el otro, pero el tramite terminó clavado en dos a cero abajo. Fin del partido.

“Arriba, muchachos, ya tienen que pensar en el sábado que viene, clasificar primeros para jugar contra el cuarto del otro grupo”, arengamos. Entre ellos se ladraron un poco por un par de jugadas, pero a los cinco minutos volvía a aparecer ese clima distendido y a pura risa que parece marcar la relación entre estos quince pibes del barrio de la Boca.
Saludamos a la gente del Evita y a la del PI, presentes durante el partido, nos contaron que ya se está planificando un próximo torneo al que ya se inscribieron unos veinticinco equipos, le pagamos al árbitro, nos metimos de nuevo en los coches, y partimos.

A la vuelta, y por la autopista, algunos idas y vueltas con los pibes en relación al partido: “los laterales deberían ser opción de salida para el arquero, no siempre dividir la pelota desde el fondo”, propusimos. “Sí, tenés razón, pero esta cancha es muy chica, te comen. Si venís a Jóvenes Deportistas de Lugano (club donde tememos compañeros trabajando políticamente que hace de segunda sede del campeonato), vas a ver que jugamos mucho más tranquilos”.

Llegamos al comedor y los pibes seguían con la suya: darle a Sonia, una mujer que, sin dudas, los conoce, los contiene, y los quiere.

Así pasaron pasamos con los pibes de Palos un 25 de mayo diferente, en los barrios, compartiendo una de las actividades que más sienten, y disfrutan: el fútbol.

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